¿Por qué poner cifras al dolor?
Dar un número al dolor persigue tres objetivos: decidir un tratamiento y su intensidad, seguir su eficacia en el tiempo y comunicar entre profesionales sin ambigüedad. Un dolor que no se evalúa está casi siempre infratratado.
El principio fundamental es el de la autoevaluación: la referencia es lo que dice el paciente, no lo que observa el profesional. Solo se recurre a la heteroevaluación por observación del comportamiento cuando la comunicación es imposible — lactante, persona mayor con deterioro cognitivo, paciente en cuidados intensivos.
Las escalas de evaluación validadas
Escala numérica (EN)
«De 0 a 10, ¿cuánto le duele ahora mismo?» 0 significa ausencia de dolor y 10 el máximo dolor imaginable. Sencilla y utilizable incluso por teléfono, es la herramienta más empleada en consulta.
Escala visual analógica (EVA)
Una regla de 10 cm sin graduación visible; el paciente desplaza un cursor y el profesional lee el valor por detrás. Muy sensible a los cambios, exige una buena comprensión de la abstracción.
Escala verbal simple (EVS)
Cinco palabras: ausente, leve, moderado, intenso, insoportable. Muy valiosa en la persona mayor o cuando hay dificultad con los números.
Cuestionario DN4
Diez ítems — siete sobre la descripción y tres sobre la exploración — para detectar un componente neuropático. Una puntuación de al menos 4 sobre 10 orienta hacia un tratamiento específico.
Cuestionario McGill
Lista de calificativos sensoriales y afectivos que el paciente elige. Enriquece la descripción y resulta valioso en los dolores complejos.
Escalas conductuales
PAINAD y Doloplus en la persona mayor no comunicativa, FLACC y ESCID en el niño y el paciente crítico: puntúan las expresiones faciales, las quejas, las posturas y los movimientos.
Interpretar la cifra
| Puntuación (0–10) | Intensidad | Conducta habitual |
|---|---|---|
| 0 | Sin dolor | Vigilancia |
| 1 a 3 | Dolor leve | Analgésico simple, medidas no farmacológicas |
| 4 a 6 | Dolor moderado | Tratamiento ajustado y reevaluación estrecha; umbral a partir del cual hay que actuar |
| 7 a 10 | Dolor intenso | Atención urgente, reevaluación a los 30–60 minutos |
Cómo transcurre una consulta por dolor
La entrevista ocupa la mayor parte del tiempo: es ella, mucho más que las pruebas de imagen, la que identifica el mecanismo.
La historia del dolor
¿Desde cuándo? ¿Cómo empezó? ¿Dónde se localiza y hacia dónde irradia? ¿Cuál es su cualidad — quemazón, opresión, descarga, pinchazo? ¿Qué lo alivia y qué lo empeora? ¿Cómo evoluciona a lo largo del día?
La repercusión
Sueño, apetito, ánimo, actividad física, trabajo, vida familiar y social. Esta parte pesa tanto como la intensidad a la hora de decidir el tratamiento.
La exploración clínica
Inspección, palpación, movilidad y pruebas neurológicas: fuerza muscular, reflejos, sensibilidad al tacto, al frío y al pinchazo, búsqueda de alodinia al rozar la piel con un pincel.
Las pruebas complementarias
Se solicitan solo si cambian la conducta a seguir: analítica, imagen, electromiograma. En ausencia de señales de alarma suelen ser inútiles e incluso perjudiciales.
El plan de tratamiento
Objetivos realistas y funcionales — subir las escaleras, dormir seis horas, reincorporarse a media jornada — mejor que la sola promesa de un cero sobre diez. Se fija una fecha de reevaluación.
Llevar un diario del dolor
Es la herramienta más útil que un paciente puede llevar a la consulta. Durante una o dos semanas, anote cada día:
- la intensidad de 0 a 10, por la mañana, por la tarde y por la noche;
- la localización, ayudándose si hace falta de un esquema corporal;
- los medicamentos realmente tomados, la hora y el efecto obtenido;
- las actividades del día y la calidad del sueño;
- las circunstancias desencadenantes y lo que le ha aliviado.
Este registro convierte una impresión difusa en datos aprovechables y revela a menudo patrones invisibles en el día a día: dolor máximo al final de la jornada, relación con una postura de trabajo, eficacia real pero demasiado breve de un medicamento.
Preguntas frecuentes
¿Existe alguna prueba que demuestre el dolor?
No. Ningún análisis, ninguna prueba de imagen y ningún test miden el dolor en sí. Las pruebas buscan una causa posible; que sean normales no invalida nunca la queja. La autoevaluación sigue siendo la referencia.
¿Hay que exagerar para que le tomen a uno en serio?
No, y además es contraproducente. Una cifra coherente, seguida en el tiempo y acompañada del impacto concreto sobre sus actividades resulta mucho más convincente y, sobre todo, mucho más útil para ajustar el tratamiento.
¿Cómo se evalúa el dolor de una persona que no puede hablar?
Mediante escalas de observación validadas, que puntúan la expresión facial, las quejas, las posturas antiálgicas, la protección de las zonas dolorosas y el comportamiento durante los cuidados: PAINAD y Doloplus en la persona mayor, FLACC y ESCID en el niño y el paciente crítico.
¿Qué es una unidad del dolor?
Una estructura hospitalaria multidisciplinar — médico especialista en dolor, enfermería, psicología, fisioterapia — dedicada a los dolores crónicos de difícil control. El acceso suele producirse por derivación del médico de familia o de un especialista.
Fuentes y referencias
- IASP — Pain assessment tools y recomendaciones sobre la autoevaluación.
- Bouhassira D. y cols., DN4: validación de una herramienta de cribado del dolor neuropático.
- Sociedad Española del Dolor (SED) — documentos sobre evaluación del dolor crónico en el adulto.
- Herr K. y cols., Pain assessment in the patient unable to self-report.